martes, 29 de diciembre de 2015

Despedidas.

Cómo puede doler si te quiero. Y cómo querer si duele.
Es fácil extrañarte en la noche, mi cabeza obliga a mi corazón a pensar, mi corazón hace que mi cabeza sienta, se pelean adentro mío y la única paz que encuentro está contigo.
Te llevaste tus camisas, tu guitarra y mis palabras. 
Me quedé con un reloj, un aroma y con tus manos. 
Desde aquel día en un aeropuerto duelen tanto las despedidas, que por ser la segunda, no sé decir adiós. 
Pero sería injusto hacerme cargo de nuestro dolor, sería injusto estar pensando sólo en vos. 
Porque si te quiero, te quiero libre, porque si te quiero lo hago con amor. Y ese amor va a estar siempre luchando, pero ésta pelea la tenés que ganar vos.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Quiero que la vida pase lenta como un caracol cruzando la calle.

¿Qué pasa cuando no sabés qué pasa? ¿Suponés? ¿Esperás que pase?
No parás un minuto, porque querés solucionar lo que pasa pero, ¿qué pasa?
¿Qué pasa cuando el cansancio es mayor que la fuerza? y ¿qué pasa cuando el esfuerzo no derrumba al cansancio?
Pasa que te quedás callado, y prendés la tele y están dando Los Simpsons, pero justo es un capítulo nuevo. Y también está terminando. Pero ni siquiera te hace reír. Entonces pones Tooncast, y están pasando Birdman, ni siquiera Aquaman, Birdman. Y alguno dirá que Birdman es mejor, pero discrepo. Birdman se la come, Aquaman se la da. Simple. Porque Birdman es un hombre pájaro, y Aquaman zoofílico; según el bananero. Pero no me tenés que dar bola. Porque recién con dieciocho años vi Star Wars, y lloré con el episodio VII. Y alguna vez prometí no verlas. ¿Star Wars? jamás. ¿De qué me sirve? capaz que para entender la fuerza, la resistencia, o quizás para volverme un poco más comunista. 
¿Y Nickelodeon? Ponés y de repente: Nicky, Ricky, Dicky y encima una guacha que se llama Dawn. Y vos (con respeto) pensás... ¿quién será mas down? la niña, los padres responsables del nombre o Nickelodeon, por no pasar Rocko's Modern Life. 
Te aburrís y apagás la tele, te sentás adelante del ventilador y te da frío, pero además, te molesta el ruido. Te alejás y te da calor, y el ruido te sigue molestando. (BB8 es precioso.) ¿Y los mosquitos? Son re putos. Más putos que vos.
Vuelvo a prender la tele porque la lapicera no me anda, se la compré a un señor en el ómnibus que tenía razón. Pero no funciona. 
Mi madre vino, habló, escuché, pero ya no me acuerdo qué quiso decir, o qué no quise escuchar. Porque prendí la tele y, señoras y señores, empieza el momento más esperado. ¡NO MOLESTAR! 
¡¡¡Y es un capítulo viejo de Los Simpsons!!! (otra cosa, no son LOS SIMPSON, SON LOS SIMPSONS, PORQUE EL APELLIDO ES SIMPSON, Y EL PLURAL, LA FAMILIA, LOS QUE LLEVAN ESE APELLIDO SON LOS SIMPSONS, NO LOS SIMPSON. Homero es Homero Simpson, y Bart, Bart Simpson. Pero Homero y Bart, son Simpsons,)
Y hablando de señores que venden cosas lindas y tienen razón, hoy compré de éstos:



Y Montgomery Burns allí atrás, piensa que están excelentes.
Estaba triste, porque no quiero esperar más. Porque los días son difíciles, la fecha es difícil, salen a la luz las familias felices, las tristes, las rotas, las que se están recomponiendo, nos ponemos tristes, pero no queremos estar tristes. Los cambios son buenos. Y no sé si tengo algo más para decir, porque creo que ahora está todo bien. Y cuando FOX hace las cosas bien, hay que reconocérselo, y ponerse a ver Los Simpsons. Salú.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Llegada al alba.

Julián era un chico de diecinueve años, nacido un siete de octubre de mil novecientos noventa y seis, con un gran fanatismo por la literatura y el surrealismo. El joven al despertar cada mañana escuchaba a medida que el sol iba cambiando de posición diferentes discos de Radiohead. Cuando no estaba escuchando música, dibujaba o leía, pero se podría decir que Julián prácticamente no salía de su mundo.
Finalizó sus estudios y estaba en busca de algo que le llamara tanto la atención como para dedicar su vida, porque si bien Julián se identificaba por ser de esas personas que cualquier cosa que se propusieran, la harían y dejarían a todos absolutamente sorprendidos, el estaba buscando algo que llenara ese vacío que durante años quienes lo habían intentado lograr, fueron esos infinitos discos y libros.
Julián no era antisocial, misántropo, ni antigregario, simplemente disfrutaba la soledad; tenía amigos, pero no era raro que si le daban a elegir entre pasar un día en el campo solo, o salir de fiesta, siempre escogiera la tranquilidad, por el simple hecho de que valoraba mucho el estar horas mirando lo mismo, nunca se aburría, encontraba algo diferente constantemente.
Su mente era como una cámara; si lograbas entrar en ella, encontrarías millones de fotografías que te harían sentir pleno, pero extraño, como los encuentros prohibidos de los amantes, cosas que a Julián hacían feliz. 
En algún momento fue como aquellos niños que disfrutaban de tocar sigilosamente timbres de las casas de las ancianas del barrio; para luego correr veloces, con una adrenalina que hoy día pocos conocen. 
Cuando comenzó con sus clases de arte, conoció a una cantidad importante de personas que creyó iban a estar durante muchos años junto a él, sin embargo, hoy son solo dos. Jacobo y Renata, mellizos de ojos oscuros como sus cabellos, o sus almas, que únicamente se purificaban cuando se encontraban con Julián. Como cuando Renata tocaba su saxofón interpretando las pinturas de Julián y Jacobo, a su vez, acompañaba el jazz con la batería.
Habían cumplido 21 años y estaban alquilando un pequeño apartamento en la ciudad de Montevideo, aunque no les convencía el alboroto y la confusión de la misma, hacían el sacrificio por el estudio.
Pero volviendo al más chico de los tres, Julián K. Nilb estaba hecho a la perfección al punto de no parecer real. Tenía el cabello color cobre; unas manitos juguetonas; un par de mejillas como carbones encendidos; sus dientes, cuando los mostraba, eran tan blancos como las nubes y sus labios como pétalos perfumados. Ojos tan negros como la noche de un lugar desconocido en le que cualquiera querría entrar pero no se arriesgaría.
Siempre tenía consigo una, o dos cajas de cigarrillos, que no duraban más de un día pero, de todas formas, era otra de las cosas que disfrutaba en soledad.
En las últimas semanas se encontró encerrado en una habitación al fondo del pasillo de su casa, la cual estaba repleta de instrumentos que desde chico conservaba con mucho cariño. Las ganas de salir no lo acompañaban pero tenía pago el viaje en barco a Europa desde su cumpleaños número dieciocho. Empacó sus maletas donde abundaban los libros y cigarrillos y carecía su vestimenta. Emprendió su camino al viaje a las siete de la mañana, el quince de junio; llovía un poco.
Fue el veintisiete del mismo mes que conoció a Judith.
Judith había cumplido sus dieciocho años el cinco de mayo, era alegre, para nada pesimista, sabría manejar cualquier situación que se le presentara, una chica muy idealista que le gustaba pasar tiempo a solas. Sus ojos grises parecían una película antigua, su cabello era tan oscuro completamente opuesto a su pálido rostro, sus labios como rubíes, y su sonrisa, con treinta y dos perlas en ella, que no cualquiera podía apreciar.
Estaba acariciando su guitarra, él la miraba de lejos, dudó en hablarle. Mientras encendía un cigarrillo escuchó una melodía que familiarizó al instante, seguida de la dulzura de la voz de Judith que por primera vez llegaba a sus oídos. Las dudas se volvieron curiosas y empujaron a Julián hacia donde se encontraba la hermosa mujer.
Judith sonriendo, moviendo su mano en forma de saludo, continuó con la canción mirando fijamente a Julián, quién detrás de su cabello escondía un gesto de ternura.
Al terminar Julián interrumpió el silencio.
-Please Mr. Postman- soltó una carcajada.
Ella no hizo ningún comentario, pero contestó con su mirada y una cálida sonrisa, mientras buscaba en el bolsillo de su saco una de las cajas de cigarrillos. Al encenderlo, sus ojos color plata se iluminaron, al igual que el rostro de Julián. Judith apoyó la guitarra en sus piernas y se presentó extendiendo su mano.
-Judith Fischer.-
Y las mejillas de Julián cambiaron de color.
-Julián Nilb.- contestó y besó su mano.
En ese instante parecía que hubiesen cambiado de mejillas, ésta vez quien se sonrojó fue Judith.
Estuvieron exactamente tres horas y cuarenta minutos hablando sobre música y literatura, observando el oleaje.
-¿Por qué viaja, Julián?- dijo, desviándose del tema.
-Mis familiares siempre viajaron mucho, me arriesgaría a decirle, Judith, que tengo historias sobre cada ciudad de cada parte del mundo, las he escuchado infinitas veces y aún así no me aburren. Creí que ya era tiempo de comprobar qué tan ciertas son, ¡y qué mejor que empezar por Italia! donde nació mi abuelo, a pesar de que nunca lo conocí siento que lo quiero, y que me entiende, y que... y usted, ¿usted por qué viaja?-
-¡Historias! Le contaría historias que seguro no conoce, historias propias, historias increíbles, no historias repetidas, Julián, pero estoy segura de que nos volveremos a cruzar y tendremos tiempo de tomar un café y conversar, porque le gusta el café ¿verdad? ¿Qué mejor compañía que una taza de café y los fieles cigarrillos? También voy a Italia, no es la primera vez que viajo hasta aquí, pero es mi primer viaje sola, de todos modos como ya le he dicho, no es la primera vez que lo hago, y aún así siempre siento algo nuevo. No me aburro de fotografiar los mismos lugares una y mil veces.
-Oh, entonces, seguro nos cruzaremos, Judith.-
Y ambos encendieron un cigarro.
Habían perdido la noción del tiempo, Julián había olvidado la obra de teatro de las 21:00 hs y Judith una película francesa, pero ninguno lo dijo, ambos estaban bien juntos, y a pesar de tener las esperanzas de volver a encontrarse, no estaban seguros de que eso sucedería. Lo entendían, como si hablaran entre sus cabezas sin decir una sola palabra. Se sentían tan cómodos que el reloj se les puso en contra y las agujas fueron tan veloces como las estrellas fugaces que admiraron durante horas mientras el tiempo y los cigarros eran compartidos y comían algunas cosas que fueron compradas para las obras que se perdieron.
Judith se paró y extendió su mano a la altura de Julián para que se levantara con ella, se miraron fijamente durante unos minutos y ambos sintieron las mismas impotentes ganas de tomarse de ambas manos, compartir abrazos, sentirse, conocer aún más, degustar sus labios; aunque ninguno dio el primer paso.
Judith se despidió y cada uno fue a su habitación.
Cuando Julián se acostó no hizo más que pensar en la hermosura de la joven, la dulzura de sus labios y su penetrante mirada que lo había vuelto loco. Mientras Judith, acostada boca abajo no para de idealizar a Julián y su perfecta imagen. Cuando ésta miró el reloj eran las 3:07 de la mañana, seguía esperando a que el joven fuera en busca de ella, sin tener la mínima idea de que Julián por su parte, deseaba lo mismo.
Sin resistirse, se dirigió hacia la puerta y al abrirla se encontró con la mano de Julián en el pestillo quien no le dio ni un segundo para admirar su belleza porque ya le había robado más de un beso.
Sus corazones se empezaron a acelerar, entre sonrisas, caricias y miradas fueron poco a poco, compartiendo algo más que pasiones, volviéndose uno. Estaban en una pasarela de emociones, lentamente veía como Judith se convertía en un puzzle eterno para Julián, él sentía como si cada pieza y cada movimiento, fuera maravilloso en ese instante, sin dudas, le habían contado infinitas historias pero ninguna que lo hiciera sentir tan vivo como la que estaba creando en ese momento, ya no solo intercambiaban besos, sus caricias lentamente aumentaban la pasión, desvistiéndose, Julián besando cada centímetro, volviéndolo más entusiasta por descubrir, por saber lo que oculta, sintiendo el calor de su pecho con ese aroma peculiar, escuchando sus gemidos. Judith acarició su cuello, su abdomen, sus piernas, Julián besaba su espalda, cada caricia los hacía sentir más cerca, cada vez que sus manos se rozaban se querían un poco más, cada beso era mejor que el anterior, las manos de Judith rasgaban su espalda vigorosa. Ambos sintiéndose en una devoción, sabiendo que no había nada que pudiera igualar lo que estaba sucediendo. La guerra y el amor podían ser uno, entre sábanas; y la luna los miraba, tan brillante como sus almas en esa noche, tan blanca como los cuerpos de quienes estaban amándose, y tan radiante como símbolo de lo que serían sus siguientes días.
La mañana había sido tan dulce como la miel en sus desayunos, hasta que Julián se levantó y mientras Judith se bañaba fue a su habitación. Al salir de la bañera y no encontrar a Julián se preocupó, hasta que vio un papel al lado de las tazas para café, vacías.
"La espero a las 19:00 hs en el cine, señorita." Leyó mientras sonreía.
Ella tan puntual como siempre, Julián se retrasó, 19:15 hs.
-Judith- dijo, y besó su mano.
-Julián- se sonrojó.
-Lamento no haber sido puntual, y espero que no haya pensado que quería ver una película.- comentó con un tono frío al igual que su mirada.
Judith no comprendía por qué estaba tan extraño.
-Tengo algo que enseñarle.- sonrió, y Judith volvió a sentir al mismo Julián. -Cierre los ojos, permítame- continuó, en voz baja, colocando una venda sobre sus ojos. La hizo caminar hasta un baño cercano a la sala y al instante de colocar la tranca empezó a desvestirla. Iba bajando el cierre de su vestido con tanta delicadeza, como si estuviese acariciando una escultura hecha de cristal. La respiración de Judith se aceleraba y los latidos de su corazón podían ser escuchados. Julián comenzó besando su cuello, recorriendo con sus labios su hombro derecho llegando a su delicada mano con dos anillos, acarició su vientre, ésta vez fue arriesgado y la adrenalina les gustó, los unió, las caricias se volvieron mutuas, los mordiscos no perdían su dulzura, la venda jamás se movió de su lugar. Completamente desnudos, ella observaba sin ver, él ya conocía cada lunar de su cuerpo, y la quería; sentía algo más fuerte cada vez, lo estaba volviendo loco, ya no podía controlarlo, su admiración por Judith era increíble.
Judith por su parte veía a Julián casi como una caja de sorpresas, le despertaba curiosidad, quería saber qué encontraría dentro, no paró de idealizarlo en ningún momento, llegó a preocuparse. Sin embargo, cuando estaba cerca de él, las ganas se volvían irresistibles.
Julián la vistió mientras ella seguía en busca de su boca, todavía con los ojos vendados.
Julián le sacó la venda, y como al salir sintieron frío se quitó su saco y lo colocó sobre los hombros de Judith mientras se sonreían.
-Julián...-
-¿Si, Judith?-
-No quiero dejar de verlo, Julián.-
Éste se sonrió, lo que hizo molestar a Judith, encendió su último cigarrillo y lo fumó en silencio, sin siquiera mirarla.
-Creo que es hora de que vaya a su habitación.- contestó mientras jugaba con la colilla semi-apagada.
Judith no emitió comentarios, aunque quiso, lo único que hizo fue tirar el saco sobre sus pies e irse.
-Adiós...- dijo en alto Julián, con tono de burla.
Judith encendía un cigarro tras otro mientras sentada al borde de la piscina observaba las estrellas y sus lágrimas recorrían sus pálidas mejillas para finalmente yacer mezcladas en el agua. Continuó igual durante horas hasta que decidió ir a su habitación y olvidar lo sucedido, mientras Julián ya en su cama pensaba en su estúpida actuación.
Al día siguiente, en la hora del almuerzo, Julián fue al restaurante y pidió pasta con salsa de mejillones. Mientras esperaba su comida y buscaba algún postre una banda de blues comenzó a tocar "Hold on I'm coming" lo que hizo sentir muy cómodo a Julián.
En el momento en que terminaban su primer tema y éste volteó para aplaudir, notó que a sus espaldas se encontraba Judith. En seguida se ruborizó, pero sin pensarlo dos veces agarró su saco que estaba colocado sobre la silla y se sentó en la mesa de Judith.
-Julián.- dijo ella, con un tono frío.
-Judith, perdóneme por mi comportamiento, realmente me siento avergonzado, no estoy acostumbrado a lo que estoy sintiendo, creo que la quiero, la necesito Judith, jamás me había sucedido ésto antes y estoy asustado, no sólo eso, tengo miedo de no encontrarla, cuando usted me dijo que no quería dejar de verme sentí que no confiaba en que volveríamos a estar juntos en Italia, creí que la perdería y me comporté como un idiota, quiero...- y antes de que terminara, Judith besó sus labios, y en ese beso Julián encontró, no sólo la calma sino también todas las respuestas que esperaba. No pararon de sonreírse ni un minuto.
-¿Qué pidió?- interrumpió Judith.
-Pasta, ¿usted?- contestó.
-Nada aún, ¿me recomienda algo, señor?- sonrió.
-Pidamos ambos pasta con salsa de mejillones.- y así lo hicieron.
Al terminar el almuerzo Judith le pidió que la acompañara a su habitación, que tenía algo para darle. Cuando llegaron pidió que no mirara, que cerrara sus ojos y extendiera sus manos. Lo que colocó sobre ellas fue el tesoro más añejo y preciado que tenía. Las obras de William habían sido su inspiración desde pequeña, pero esa en particular fue la más especial, no sabría explicar si era la antigüedad del libro, la forma en que estaba narrado, o el olor que le recordaba a la casa de sus abuelos. Cuando Julián observó lo que tenía en sus manos sus ojos se volvieron tan brillantes como luceros.
-Oh, Judith, esto... ¿esto es para mi?- dijo Julián sorprendido.
-Si, de hecho, supuse que en su viaje a Italia visitaría Verona, me gustaría que cuando se encuentre allí, haga lo mismo que hice yo la primera vez que visité la ciudad de Romeo y Julieta y lea la obra de William Shakespeare. "Enséñame a olvidarme de pensar" Dijo Judith, citando un pequeño trozo de la historia.
-Gracias, señorita. Le aseguro que lo haré.- contestó Julián seguido de un cálido abrazo.
Estuvieron toda la tarde actuando como niños enamorados, fueron al cine, dieron veintitrés vueltas contadas sobre el borde de la piscina, hablaron acerca de un montón de cosas, rieron hasta sentir ese dolor de panza que no era molesto en lo absoluto. Judith empujó a la piscina a Julián, quien luego de eso fue en busca de ella para vengarse. A esa hora no había testigos más que la luna del cariño que estaban compartiendo, y esa noche, luego de amarse como nunca antes lo habían hecho, soñaron juntos.
A la mañana siguiente se levantaron deprisa, Judith se puso el vestido azul con el cuello blanco, el mismo que traía puesto cuando conoció a Julián, y él se colocó su gabán negro favorito. Judith tomó la epístola "De profundis" de Oscar Wilde y fueron en busca de un café. Mientras compartían un cigarrillo deleitaba a Julián con la lectura.
Pasando hora y media Judith dejó de leer.
-¿Por qué no sigue leyendo, Judith?- preguntó Julián.
-Cuénteme acerca de sus padres- sugirió.
-Sabía que en algún momento lo iba a pedir. Mi relación con ellos realmente no es la mejor, de hecho, sé muy poco acerca de mi madre. Lo único que puedo decirle es que es feliz con una nueva pareja, lo cual no me molesta para nada, simplemente hay cosas que aún no he terminado de entender. A veces no comprendo a los adultos, su forma de actuar, la mayoría de las cosas que hacen... de todas formas, lo haré en algún momento, así como ella me dijo la última vez que la vi. Cuando tenía siete años se fue a vivir a España, y yo me quedé con mi padre, no es un mal hombre, pero nuestra relación jamás fue de padre e hijo sino más bien un tipo de amistad ¿me entiende? es decir, confío en él Judith, pero jamás tuve de él lo que en verdad necesité. De todos modos no importa, por él estoy aquí. Y ¿usted? ¿qué me puede decir sobre sus padres?
-Mis padres están locos- comentó seguido de una risa. -No querría saber ni un poco de ellos.- Entonces Julián no insistió.
-Sígame.- dijo Judith mientras tomaba su mano.
Lo dirigió hacia su habitación, tomó la guitarra y comenzó a cantarle finalizando con el tema "quelqu'un m'a dit"
Así fueron pasando los días, hasta llegar al lugar que ahora, era el menos deseado. Si tan sólo el viaje fuese eterno...
Éste fue el último atardecer que Judith vio dentro del barco, el saber que la hora de despedirse se aproximaba hacía que los corazones de ambos viajaran en una montaña rusa para luego sumergirse en un profundo océano de emociones completamente desconocidas para ellos, aunque con algunas de éstas se familiarizaron. Julián, que recordaba el adiós de su madre, Judith, que sentía cercano un próximo fracaso, la tensión se hizo visible y ya no importaba el destino.
Ésta noche Judith se dejó llevar por el sonido de las olas que acariciaban al barco, permitiendo que las estrellas penetraran sus ojos, y, curiosamente, sus emociones la trasladaron a su niñez, aquella en la que sus únicos amigos fueron los infinitos personajes de las novelas que su hermano mayor le otorgaba, esos que a veces debían ser robados de la mansión de la señora María Del Carmen, con quien trabajaba por un par de monedas que valieron la pena ya que pudo salvar a Judith del abandono que presenció y que jamás mereció. La familia de los jóvenes viajaba, y Judith conocía muchas historias, es cierto, pero debido a las aventuras de sus parientes, el abandono era notorio, y Paul, su hermano, fue el único acompañante durante su crecimiento.
Los fracasos la invadían al menos tres veces por día, llenando de nudos su cabeza, garganta, corazón e incluso parecía que los nudos habían enlazado sus manos y cualquier movimiento para defenderse sería inútil.
Como aquella vez en la que tomó un par de pinceles, algunas hojas y comenzó a experimentar, pero todo era un desastre ante sus ojos, un montón de nudos de colores en aquel papel blanco como su rostro... por un momento sintió la manifestación de sus sentimientos en papel, dejó caer los pinceles, arrugó aquella hoja, arrojándola lejos, mientras su hermano observaba su angustia desde el espacio de aquella puerta entreabierta.
O aquel día con dieciséis años de edad que conoció a un chico solitario, sentado cerca de un arroyo al que Judith iba con frecuencia, ese lugar que la haría sentir ella misma, con los pies descalzos y apenas unas pocas prendas para sentirse libre, desnuda ante el mundo, y el hombre con su sombrero, una pipa en la boca adornando sus labios, su camisa gris y un moño negro, acompañó la libertad de la joven con la melodía improvisada creando un ambiente perfecto para los sentimientos de Judith en ese entonces. Fue inevitable hablarle, y sin dar vueltas, sin siquiera presentarse, pidió permiso para tocar el violín, pero otro fracaso tocó a su puerta y ya estaba cansada de abrir.
Dejó de recordar por unos minutos, porque sus ojos presenciaron una estrella fugaz. Pidió un único deseo; poder triunfar, sólo ésta vez.
Se acordó de aquel diálogo:
"-Señor- dijo, mientras se apoderaba de su sombrero para luego hacer una reverencia con éste, presentándose. -Mi nombre es Judith, Judith Fischer- acotó, colocando nuevamente el sombrero en su lugar, sobre la cabeza del violinista, con su cabello oscuro, como los días de Judith, ese que por su pálido rostro resaltaba los ojos del muchacho, ojos entremezclados, donde encontró gris, verde y algunas manchitas marrones.
-Señorita- y se quitó el sombrero. -Thomas es mi nombre.-
-Thomas... solía tener un hermano pequeño llamado así, yo era muy chica, sólo recuerdo sus ojos negros, los ojos más lindos que he visto. A veces se dibujan en mi cabeza y los utilizo de guías. Creo que Paul no pudo hacerse cargo, y se culpa todos los días. Sé que nunca me contó qué pasó con mi pequeño hermano, pero de todas formas tampoco sé es si estoy dispuesta a escuchar una respuesta. De todos modos, nunca estuve de acuerdo con la actitud de Paul. ¿Por qué nunca culpa a nuestros padres? El único hombre de mi vida es él, ¿por qué siente que las cosas no funcionan? si es el hombre más admirable que he conocido. Me esfuerzo por devolverle lo que él me ha dado, pero vuelvo a fracasar. Ojalá pudiese ser como él, si tan solo supiera lo agradecida que estoy por todo lo que ha hecho, pero aún así la inutilidad se apodera de mi, y Paul necesita mi ayuda. Oh, disculpe señor, a veces la necesidad de hablar con alguien es tan grande que olvido que usted es un simple desconocido. Solo quiero desatar cada uno de los nudos que se apoderan de mi cuerpo, y cuando finalmente estén desenredados, tengo en mente tejer, de tanto nudo me he llenado que con ellos mismos tejeré alas para Paul, para mi, e incluso para usted si así lo desea y siente la necesidad de volar, acariciar las nubes y quizás dejar algunas cosas atrás, vaciar el equipaje, ya sabe, así no encorva nuestras espaldas.-
-Si me permite, señorta... ¿Judith? Es muy profundo lo que usted dice, y es notoria la motivación que hay dentro de ese corazón, una motivación que convencería a cualquiera, ese amor que tiene por el otro, pero especialmente el amor que quiere tener por usted. Yo ya desenredé la madeja de mi cuerpo, ahora es su turno, y la voluntad que me ha mostrado es más que suficiente para deshacerse de los hilos que la tienen atada a la nada y que le prohíben ser completamente libre.-
La joven no pudo emitir una palabra ya que su acompañante comenzó a tocar el violín. Judith nunca sintió darle el reconocimiento suficiente a su hermano, mientras subía al barco deseaba que el estuviese allí, pero el dinero no alcanzaba, y su familia estaba muy ocupada en sus propias experiencias turísticas, viajando hacia la hermosura del Machu Pichu, que era de los pocos lugares que le quedaba por conocer."
En esos pensamientos que iban y venían, apareció Julián con un par de bombones, entregándole un cigarro encendido, para disfrutar de su última noche.
El sol que empezó a despertar los miraba contento, tan brillante como si quisiera recompensarles el haber interrumpido su velada. Al darse cuenta que habían llegado a su destino y no habían dormido en toda la noche no pudieron evitar la sonrisa, y sus miradas se cruzaron como pidiéndose abrazos y caricias infinitas. Ambos tomaron sus valijas y bajaron lentamente, sin perderse de vista.
-Me encantaría volver a verla, señorita.- decía mientras se quitaba el sombrero en forma de burla, y así se despedía Julián.
-A mi igual.- dijo Judith y a continuación agarrando su vestido que la hacía parecer una muñequita, hizo una reverencia entendiendo la gracia de Julián.
El dos de julio, Julián comenzó su recorrido con el auto alquilado pasando por Roma, Orvieto, Siena, San Gimignano, para finalmente llegar en la tarde a Florencia, la ciudad que deseaba visitar desde niño, por ser una de las ciudades de arte e historia más famosa. Ya alojado en el hotel, el sueño, venciéndolo le prohibió desarmar sus valijas, pero jamás prender un cigarrillo, y lo disfrutó como si fuese el último, mientras sentado en la terraza con la mirada perdida sonreía.
Quienes lo despertaron fueron aquellas caricias del sol que se sentían cómodas al entrar por la ventana. Se levantó, se dio un baño y volvió a usar la misma ropa del día anterior. Visitó los museos de Florencia y lo llenaron de vida, salió emocionado de cada uno, sus familiares le habían contado que era muy lindo recorrer esos lugares, pero nunca comentaron nada siquiera parecido a lo que Julián pudo observar, quizás porque éste se enamoraba más del arte, de una canción, de un libro, y no tanto de las personas. Fotografió todo lo que estaba a su alcance, cambiando de rollo a cada segundo, esas fotos, y las imágenes que guardó en su mente desde su primer día de viaje valían para él lo que su vida o más. Entre cada recorrido el descanso del sol fue casi impredecible pero ahí estaba. A la noche, cenó en un restaurante Renacentista conocido como Palazzo Borghese. 
En su tercer día, viajó en barco por la laguna de Venecia y conoció sus diferentes islas.
Ya, en su cuarto día de viaje, segundos después de salir el sol, visitó Verona, y recorrió la ciudad de Romeo y Julieta, el lugar el cual las ganas de visitar eran mayores. Quedó completamente anonadado, se enamoró de cada cosa que vio, hasta que finalmente cumplió su promesa y bajo la sombra de un árbol, rodeado de cajas de cigarrillos comenzó con la lectura. Disfrutó la obra tanto como el paisaje hasta que, se sorprendió con una frase que le recordó a su compañera de viaje: "Los enamorados pueden andar sobre las telas de araña que se mecen en el tibio calor del verano, así de leve es la ilusión" Comenzó a pensar en cada caricia, cada momento que compartió con Judith, se sintió extraño y quiso correr en su búsqueda, recordó que estaban muy seguros de reencontrarse pero eso no había sucedido, entonces, las ganas de saber de ella fueron aumentando. Necesitaba volver a sentir su cuerpo, sus labios, su mirada, el corazón de Judith sobre su pecho, las manos de ella acariciando sus mejillas para finalmente rodear su cuello y llenarlo de besos.
Entre tanto pensamiento el sol moría, y sin más vueltas decidió ir a Bérgamo a conocer sus pequeños restaurantes. Lo que había sentido en la ciudad jamás desapareció, pero luego de un largo día se alojó en un hotel para poder descansar.
En la mañana siguiente, salió temprano pasando por Suiza con la idea de llegar a almorzar a Lucerna.
Julián había preparado su recorrido desde que, en sus dieciocho años, confirmaron su viaje.
De Lucerna iba a dirigirse hacia Einsiedeln, para luego ir al este de Suiza, iría a Maienfeld donde se inspiró la novela/cuento de Heidi. Haría un paseo por su pequeño centro histórico y posteriormente conocería la Casa de Heidi. Pero Judith se interpuso en sus planes. Regresó al hotel en el que se alojó por primera vez con la intención de volver a encontrarla, pensó incontables noches en ella mientras escuchaba en el walkman una y otra vez un cassette de Pablo Honey.
En sus recorridos por Italia conoció a varias chicas, en cada una encontró similitud con Judith pero él sabía que ninguna sería como ella. Odió sus ojos, sus mejillas, su voz, su cabello, su vestimenta añeja, la forma en que tenía de ver la vida, extrañó cada canción de su viaje, cada sueño, cada caricia. Escribió a mano dieciséis cartas sin destinatario pero todas concluían en ella. Era única. Jamás creyó necesitar tanto a una persona como la estaba necesitando. En Elvira encontró casi su mirada, en Isabel una sonrisa parecida, con Sol compartió sus gustos musicales, con Ana su amor por la literatura, finalmente con Francisca su fanatismo por Radiohead. Pero con ninguna, todo lo que Judith le mostró en cinco días. Finalmente salió a recorrer las calles de Florencia con Ana, quien no toleraba a los fumadores por lo que Julián no fumó en ningún momento estando con ella.
Ana era una muchacha de veinte años, algo alta o eso parecía, ya que siempre usaba tacos, su pelo dorado y recto pasando sus hombros con un cerquillo perfecto. Ojos color miel y una mirada sin gracia. Tenía labios pequeños y una linda dentadura. Luego de varias horas de caminata se sentaron a descansar bajo la llamativa luz de un farol. Tomaron un largo descanso sin decir una palabra, sin rozarse siquiera. Hasta que Ana lo besó. En el momento en que sus caras se separaron, Julián miró para su derecha y observó una figura que reconoció al instante. Era Judith, con unos ojos cansados acompañados de una lagrima en cada mejilla. Traía la guitarra en su mano, y en la otra el libro Hamlet, el cual dejó caer cuando Julián la miró a los ojos. Estuvo diez segundos observando tratando de entender lo que estaba sucediendo, en el instante que lo asumió corrió rápidamente sin mirar en ningún momento hacia atrás hasta llegar a un callejón oscuro en el que caería al suelo y soltaría toda su angustia en forma de agua.
-Judith, por favor, espere- gritó Julián. Y fue detrás sin decirle una palabra a Ana luego de tomar el libro que Judith dejó caer.
Cuando la encontró no sabía qué decir, se sentía culpable de toda su angustia pero entendía que no había hecho nada malo, sin embargo, algo lo inquietaba. Le pidió disculpas incontables veces mientras Judith lo rechazaba algunas más.
-Por favor, Judith, discúlpeme, ¿dónde ha estado?
-Aléjese de mi, no lo quiero ver más.
-He estado pensando en usted desde el primer segundo en que nos separamos, Judith, la necesité, ¿dónde ha estado? Contésteme, cada día quise encontrarla, cada noche quise dormir con usted, comprendí que nadie conseguiría hacerme sentir lo que usted logró
-Oh, Julián, sabe que no necesité acercarme a otra persona para saber que no sentiría lo que sentí por usted ¿no? Es decir, no hacía falta. Lo entendí desde la primera vez que lo vi, en cambio usted, Julián, ¿era necesario? ¿por qué tuve que ver eso? ¿por qué mejor no se preocupó en buscarme? ¿''cada día quise encontrarla''? simplemente con eso no basta ¿o no fue capaz de darse cuenta? Debería haberlo intentado, ¿por qué buscar otras mujeres? si usted estaba tan seguro de que me necesitaba, ¿pretendía acostarse cada día con una mujer diferente hasta que yo como si fuese un milagro, apareciera y le pidiera que no se alejara nunca, y así usted dejaría a todas esas mujeres atrás porque realmente se da cuenta de que me ama? ¿cree que iba a tolerar eso? ¿cree que voy a tolerar eso? De todas formas, ya no importa, ya no hay nada por hacer. No quiero volver a verlo, quiero que desaparezca de mi vida, necesito estar sola, váyase.
Julián quería responder pero su boca se volvió inútil, sentía que cualquier cosa que pudiera decir ya no tenía ninguna importancia, y sin pensarlo se fue corriendo con los ojos vidriosos, golpeando paredes y agarrándose la cabeza mientras en ella sonaba una melodía que parecía perfecta para ese momento... ''All I need"de Radiohead.
Cuando finalmente llegó al hotel en el que estaba hospedado no hizo más que pensar, comprendía los sentimientos de Judith pero sabía que podía ser perdonado, estaba bastante seguro de que ella aún lo amaba y por supuesto, él haría lo que fuese por recuperarla. Trató de no perder la calma, y a pesar de que mientras pensaba varias lágrimas recorrían sus mejillas, intentó buscar una solución.
Pasados varios días, salió a caminar para intentar distraerse, despejar la mente, ya que la noche anterior no consiguió dormir más de dos horas ya que había estado inventándose diálogos que tendría con Judith la próxima vez que la encontrara, comprendiendo que ésta era su historia y que el final lo decidiría él, incluso varios de ellos los plasmó en papel.
Se imaginó caminando al puerto, y en el momento en el que estaba por subirse al barco que lo llevaría de regreso a su casa, dar un último vistazo y ver a Judith observándolo con un vestido blanco con lunares azules y su guitarra en la mano, acercándose a él rápidamente y él copiando sus pasos, hasta que finalmente se abrazarían y compartirían todos los besos que no pudieron, le diría que la ama, que por favor no volvieran a separarse, que era capaz de quedarse allí o de pedirle que lo acompañara, pero que no lo dejara de nuevo.
Su otra hipótesis fue tomar su barco el dos de agosto y al igual que como se conocieron, ésta vez, cinco días antes de llegar a su hogar, encontrarla, ver su espalda mientras ella observaba el agua, él se acercaba y sacaba dos cigarrillos, uno de ellos iba directo a sus labios, el otro iba a la mano de Judith, y mientras tanto observaban cómo el fuego del sol se iba apagando, al igual que el de los cigarrillos que estaban fumando.
Otro de sus finales, el que fue tachado y me costó entender, fue en el que Judith regresaba y le pedía que se quedara junto a ella, que se había comportado de una manera equivocada y que él en realidad no tuvo la culpa, ya que ella tampoco lo buscó. Creo que Julián optó por quitar ese final ya que la culpa que sentía por lo que estaba pasando en su historia era real y no desaparecería por arte de magia.
Escribir el final no haría que sucediera, más allá de lo que Julián quisiera que pasara, sabía que Judith tenía razón y que a pesar de que ella le dijo que no había nada más por hacer, recordó que no alcanzaba solo con querer tenerla ahí, sino que debía hacer algo para cambiar la situación.
Estaba sentado tocando su violín cuando vio pasar a Judith de la mano con un hombre, bastante elegante el cual odió y admiró en seguida, vestía un traje que no era formal pero lo hacía parecer, llevaba un sombrero negro, su cabello castaño, largo hasta sus hombros, tenía una mirada engreída y una sonrisa pícara hacia cada mujer.
Julián no dejó de tocar, pero tampoco dejó de observar, sin embargo, ella no lo vio. Por un momento su idea de buscar el final se convirtió en odio hacia ambos, el no quería ésto, pero la historia se estaba escribiendo, y él tenía que detenerla. Dejó su violín en el suelo y se acercó a donde se encontraban ellos.
Cuando Judith notó que él se hallaba a un metro de ella se sintió incómoda, pero no tuvo tiempo para pensar;
-Julián ¿qué está haciendo aquí?
-Judith, necesito hablar con usted.
-Lo escucho.- contestó Judith mirando a su acompañante.
-Judith no tengo idea en qué está pensando, no tengo idea de quién es éste señor...-
-Mi nombre es James.- interrumpió, mientras que Julián lo miraba como quien no espera una respuesta, y continuó...
-Lo único que sé y entendí es que tiene razón, tal vez piense que no me lo merezco, pero siento que puedo ser perdonado, si tan solo me diera una oportunidad entendería usted que nada me hace olvidarla, Judith, ya me conoce, no hay nada que pueda decirle que no sepa, cada vez que cruzamos miradas me vuelvo transparente, no puedo mentirle, sé que usted lo sabe, aunque en éste momento esté molesta conmigo y no me mire a los ojos cuando le hablo. Sé que si decide darme una oportunidad no se arrepentirá, porque la conozco, porque nos conozco como uno. Comprendí que no hace falta cambiar, ninguno de los dos debe hacerlo, porque cuando estamos juntos nos complementamos, nos transformamos en algo mejor, en cambio, por mi parte, cuando estoy sin usted me siento perdido, siento que no encajo en ningún lado...
-¿Terminó?- contestó Judith sin mirarlo.
-En mi cabeza la respuesta sería otra.- susurró Julián con la cabeza gacha.
-Lo siento, no le mentí cuando le dije que ya era tarde.- dijo y se fue.
Es cierto que en la cabeza de Julián todas las respuestas que esperaba de Judith al respecto no serían ni cerca de esa fría y dolorosa que obtuvo, pero ya no podía cambiarlo. Se había quedado varios minutos con la mirada perdida después de haber sentido un dolor en el pecho, algo parecido al dolor que sintió el día en que su madre se fue, cuando por fin entendió, que había perdido a alguien más; o quizás, nunca las había tenido.
Se dirigió al hotel, tomó sus cosas, le regaló una última mirada a la fotografía que tenía con Judith aquel día en el barco, cuando pintaron sus caras y con velas en sus manos fueron a asustar a un par de niños, y seguido del recuerdo y una lágrima acompañada de una sonrisa la dejó sobre la cama del hotel.
Dos de agosto.
Julián se encontraba en el puerto esperando su barco mientras miraba hacia los mismos lados reiteradas veces tratando de encontrar a Judith, se sintió inútil porque en el fondo sabía que no estaría allí, y cuando vio acercarse lo que lo llevaría a su vida cotidiana dejó caer su cigarrillo y seguido de un suspiro comenzó a caminar sin mirar atrás.
¿Recuerdan el final que escribió Julián en el que se volvía a encontrar con Judith cinco días antes de despedirse, otra vez? No puedo decir que fue lo que sucedió con exactitud, pero luego de dejar sus maletas e ir en busca de aire fresco la vio.
Julián no quería arruinar el momento y a pesar de las ganas de ir corriendo a abrazarla, simplemente se acercó, despacio, sacando dos cigarrillos del bolsillo de su gabán hasta llegar a su lado y simplemente decir todo con una sonrisa, la cual fue contestada con la mirada de Judith y la fotografía en sus manos que Julián había abandonado.
Y el atardecer, moría.
Y el fuego del sol se iba apagando, al igual que el de los cigarrillos que estaban fumando,

Oriana Crosara

verde

Solo compartieron un par de horas,
un vino en caja, un lugar verde 
para salir de la rutina del gris de Montevideo;
el viaje en ómnibus, el viaje mental.
"Todos los días son iguales" dijo,
"nunca cambian..."
Ella quedó desconcertada, ¿tendría razón?
si por unas horas y algunos minutos 
ese día había sido distinto, mágico;
ella se sentía libre, aunque se mantuvo callada,
pero su mente le gritaba al acompañante
"desde hoy, ¡¡ya no hay más días iguales!!"
y esperó en silencio porque no habría palabra
para expresar el movimiento que sentía bajo sus pies,
bajo su terreno. No habría palabra alguna
para tal invasión, a la que se entregó en cuerpo y alma.
Todo fue parte de ella esa madrugada de invierno
y si aguantó el frío, fue por cómo la libertad la abrazó
y le dio la oportunidad de, no vivir, sentir el hoy
como si no hubiera un mañana, como si esa noche
su vida comenzara.
Y por eso lo recuerda,
porque fue fugaz, pero dejó huella,
tocó tan hondo y delicado, 
sin manos,
sin palabras. 
Hoy ella me discute, que no todos los días son iguales;
porque aunque esa fue tu frase, le enseñaste que no es así.

martes, 15 de diciembre de 2015

Miedo a la tristeza

Hace tiempo no nos vemos y me empecé a preocupar; 
al no parar de pensar en vos decidí que era hora de volverte a visitar, para que no me agobie tanto el hecho de reprimirte, creo que lo mejor va a ser exprimirte. 
Sé que estuviste, como siempre, quitando esperanzas en lugares rotos. Yo, por otro lado, traté de revivir a la flor más lejana, a la que menos me quiere, a la que a decir verdad jamás creí querer ni quise hacerlo.
El decidir volver a encontrarnos no me hace feliz, pero tampoco que cada vez que nos veamos me arranques alguna que otra cosa vital, solo para sentirte un poquito más. Se podría decir que aquella última vez no hubo lucha alguna. Me arrodillé ante vos y a tus manos entregué la tinta y el papel, pero lo que más (me) dolió soltar, fueron las ganas. Entonces cuando te fuiste, sonriendo porque llevabas lo que me hacía fuerte, desesperada, llené de colores mi alma con cada atardecer, cada amanecer, durante cinco meses. 
Entendía en la mañana el comienzo de la vida, y en la noche, el fin de la misma. Sin embargo, yo, no moría. Renacía.
Me descalcé, porque busqué una alternativa a la pérdida de inspiración, y empecé a sentir. Creí en la vida, pero más creí en la muerte. Y te veía escondida detrás de algunos árboles, pero aún no te atrevías a volver. Durante algunos días supiste que, me preparaba para éste momento, y vos, estabas cada vez más lista para atacar. 
Te lloré a gritos inútilmente mientras pedías que no dijera nada, que no sintiera nada. 
No te bastó con quitar lo más importante de mi vida, y querías venir por más; y cada vez que me rendía vos me abrazabas, de una manera extraña y triste, que me dejaba aún más cansada que antes. El engaño del abrazo te funcionó. 
Hoy no te doy la espalda, hoy estamos frente a frente, me dolés, porque me entregué, porque sos el camino fácil, y sos un descanso con consecuencia. Un alma vacía intentándose llenar. Hoy te digo que no.
Sos todo lo que duele queriendo lastimar, pero hoy nos enfrentamos, y ya no hay más cuchillos por detrás.


jueves, 29 de octubre de 2015

Volver

Volviste en forma de ola, desnudándome, dejándome tan vulnerable como libre
con olor a libro viejo, de esos que se asemejan a una máquina del tiempo, llevándome a pasear durante años y años, siendo partícipe de cada ilustración vivida y por vivir.
Sin necesitar oídos para escuchar, pareciéndote a tu pieza favorita de Beethoven cuando tus diez dedos recorren mi espalda y cada lunar parece tener su nota y hacerse notar.
Tu mirada, que ya no es una puerta al alma, es una puerta a un mundo nuevo deseando ser explorado por unas manos puras y sin maldad, caminos vírgenes esperando ansiosamente ser recorridos por un par de pies descalzos. 
Tus brazos tan dispuestos a abrazar al universo cansado, desesperado por un mimo con tanta grandeza como la que únicamente vos podés ofrecer,
algunas palabras en silencio, esas que solo oyen quienes de verdad están dispuestos a escuchar.
Lo cálido de tu pecho en las noches de frío, el mejor de los abrigos
tu mente, un mundo más por descubrir, algo más infinito que el infinito, más bello que la belleza.
Tu realidad
Vos. 

lunes, 31 de agosto de 2015

Vacío emocional

Algunas veces miro al cielo y pienso en voz baja (para no avergonzarme) en cada una de las veces que me dijiste que siempre me ibas a cuidar, estés donde estés. Y me acuerdo cuando Simba reclamó lo mismo a Mufasa, "dijiste que siempre estarías cuidándome, pero no es cierto... pero no es cierto." sin embargo, éste apareció. Pero vos; ¿vos dónde estás? Me pregunto cada día, qué será tan fántastico como para no volver, como para no querer recibir un cálido abrazo o abrigar una palma fría. Me pregunto por qué no estás acá para desenredarme el alma sabiendo que siempre tuve facilidad para las nudos, pero no para que la cuerda vuelva a su lugar. Ponerme en el camino de cuidar siendo incapaz de cuidarme a mi misma. A veces confundo tu rostro en alguna silueta del humo que expulso para intentar no pensar, luego, casi por inercia, recuerdo que no vas a volver. Y empiezo a volar, y no es tan divertido como lo era contigo. Y empiezo a llorar, y para qué si ya no tengo la oferta de tus pañuelos más delicados, suaves y variados, a veces rojos, a veces negros, a veces blancos. Entonces vuelvo, y me estanco. Porque de qué me sirve recrear momentos si ya están rotos y desgastados. Si ya no hay amor. Si ya no sentís, e intento no hacerlo. Y qué ironía sentir tan poco; y a la vez, mucho más que vos. A veces te imagino transparente y me siento un científico descubriendo su búsqueda interminable, el verdadero vacío, la verdadera nada. Y ahí entiendo que hay un montón de cosas que la ciencia no puede ver, aunque estés ahí, visible para todos, lejos de mi. Y estoy agotada de extrañarte, y ya me agobia pedir que me notes. 

sábado, 22 de agosto de 2015

Alien camuflado

A veces me cuestiono
si no serás un alien camuflado 
queriendo invadir mi vida
desapercibido, tocarlo todo
bebiendo mis lágrimas
mojando mis labios
escondiéndote cuando te necesito
apareciendo cuando ya no 
acariciando mi cabello
cerrando las heridas
y a veces
abriéndolas
¡pero rápido! ¡casi fugaz! 
indoloro 
e incoloro 
no te siento
y a veces tanto
que no puedo respirar.
A veces me cuestiono
si no serás un alien camuflado,
cuando te empezás a poner verde
como Hulk
porque te enojás 
o porque los perros 
te miran mientras comés
cuando tus finos dedos
tocan una guitarra desafinada
y aún así provocan paz
como las palomas
"como las palomas"
a ninguno de los dos nos causa paz
más bien ganas de correrlas
y reírnos, y mirarte
y cuestionarme 
si no serás un alien camuflado
ya que aparecés porque sí
y desaparecés, ¿por qué no?
Definitivamente
sos un alien camuflado.

lunes, 17 de agosto de 2015

Cantaba

Cantaba el joven Mariano
con su guitarra en mano
tratando de explicar
y hacerme reaccionar.
No le di mucha pelota
pero en mi cabeza rota
brota esa frase que sembró
y con calma la cuidó 
"No seas solo una aprendiz,
yo te quiero ver feliz"

Las palabras crecerían
yo por fin lo entendería
pero entonces llegó Santino
pa cambiar nuestro camino
diciendo que el sabio sabe
cosa que aún no me cabe 
sin embargo no insistí
ni siquiera discutí 
que aunque yo no sea sabia
conservo muy bien mi labia.

Pero firme sigo el rumbo
de éste frío enorme mundo
que me ensordece los ojos
y los deja un poco rojos
disfrutando de Armando
a quien siempre estoy amando
y a su novia Flores locas
con un alma como pocas
y me sirven cada día
sus sonrisas como guía.

Fin de año, vino Vilma
y su coraje que me anima
sus dientes te morderían
y tocarla no querrían,
aunque Carla la veía 
y sentía esa agonía
de perder a quien amaba,
de sentir que la  mataban,
de enfrentarse a los demonios 
y escuchar sus testimonios.

Acá estoy con la certeza 
de que abras mi cabeza
y alimentes tu tristeza
con semillas de cereza.
Por favor no caigas
aunque las cosas no salgan
solo pido que persigas
las metas que cabalgan 
tus palabras más hermosas
y tu presencia que huele a rosas

Y a veces
tu espina
me lastima.

martes, 11 de agosto de 2015

Miel

¡Qué ganas de fumarme un cigarrillo! pero no tengo.
Quizá por eso estoy acá,
no tengo ganas de ir al liceo porque no tengo ganas de ver las mismas caras que ya he visto tiempo atrás y creí nunca más volver a encontrar, pero ahí están, incomodando, erizando cada vello de mis brazos, de mi nuca, haciéndome sentir cosquillas molestas en la espalda, porque me dan asco.




asco1
nombre masculino
  1. 1.
    Sensación física de desagrado que produce el olor, sabor o visión de algo y que puede llegar a provocar vómito.

    sinónimos:repugnancia
  2. 2.
    Sensación de desagrado que produce alguien o algo y que impulsa a rechazarlo.







Así me siento, con asco.
Aunque sería un poco fuerte pero sencillo echarles la culpa a ustedes, porque a decir verdad me quita un poco el sueño, no obstante, lo siento.
Y los veo y no pienso, no estimulan mi imaginación, solo quedo en blanco y fría, ¿causaré lo mismo en ustedes? Y con respecto a mi vida, nada va bien, pero nada va mal. Me levanto todos los días a las 8 de la mañana para ir a Carrasco, uno de mis lugares menos favoritos pero que me brinda al menos una decoración delicada de árboles y plantas que alegran mi camino, ¡y quién diría que volvería a levantarme temprano! si hace ¿dos? ¿tres años? que no lo he vuelto a hacer; para cuidar a dos pequeños que comentan con sus boquitas inocentes que quieren quitarme la depresión con un duchazo de agua fría. Y les marco errores, y me hacen notar los míos, me abrazan, me hacen pulseras, dibujos y me piden los trucos del GTA. 
Muchas veces cuando regreso, la gente en el ómnibus se ve feliz, y de cierta forma siento la total libertad de sacar aunque sea un poquito de mi felicidad, como hoy, cuando vi a esa señora de cara arrugada y ojos cansados, cargando un tacho de basura, limpiadora de un liceo de gente con plata, que me regaló una sonrisa y por supuesto se la devolví. 
Y cada tanto me aproximo a la parte de atrás del latu, porque hay unos arbustos preciosos con flores rosadas que están llenos de abejas, y a pesar de que una vez saliendo de la piscina una se me acercó y yo me hice pis; hoy comparto miel con ellas, no literalmente, pero el ambiente es dulce.
Y cuando bajo del ómnibus generalmente llueve, llueve y hay sol, y camino mirando al suelo porque reconozco cada casita de acá pero ya no las miro, porque esté donde esté, ellas están; podría considerarlas casi como amigas.
Entonces llego y los perros quieren atención, los abrazo, pero estoy muy cansada y me acuesto a dormir, igual ellos son tan vagos como yo, y alguna siestita compartimos. 
Después venís vos y me siento tan agotada e irritada por no poder darte lo que quiero y espero, que terminamos aún peor, aunque los fines de semana salimos a juntar flores para pegarlas en el cuaderno adornado con diario, o nos vamos hasta la cabaña a comprar una gatorade y papitas de jamón serrano, y ahí me siento un poco menos agobiada, porque me sacás de mi círculo vicioso que se basa en cigarrillos, sueños, utopías, frustraciones y algunas cosas más estructurales, estructurales; todo lo que no me gusta ser o hacer. 
Pero dentro de todo mi vida bien
¿y la tuya?

miércoles, 5 de agosto de 2015

Estaciones

No son solamente estaciones
rojos y amarillos entremezclados
me gusta ver como en otoño
caen pequeños trocitos
de mis brazos
de mis ojos
cuerpo entero que se permite la libertad
y no ocupo mi tiempo en buscarlos
no planeo recogerlos
porque el invierno se los ha llevado
fríos, blancos, tristes
o los ha cubierto con su rocío
para que me despida de una vez por todas
de ellos;
y no me angustio
porque sé que en primavera
se renuevan
pero no simplemente en mi,
renovarán la vida de todo aquel que me toque
de cada uno de aquellos que se atrevieron
a colocar las yemas de sus dedos
sobre mi piel
con una textura parecida a la de las hojas..
o incluso cuando no las hay
cuando estoy vacía
cuando solo son ramas lo que habita en mi
esas que se te enganchan en las piernas cuando caminás
pidiendo que no te alejes
que me ayudes
que aunque mis hojas me hayan abandonado
yo sigo aquí;
y en verano,
en verano me derrito sobre tus labios
como en una devoción
me siento un helado de cucurucho
de esos que a vos te gustan... y a mi no.
Pero no son solamente estaciones,
es mi vida,
es tu vida.
Es nuestra vida.
¿No?

sábado, 1 de agosto de 2015

Trébol

Siempre me cuestioné si iba a tus cumpleaños por amor o compromiso, y ¡qué duda! si hasta el día de hoy sigo creyendo que un poco de compromiso hay en nuestras visitas, y aunque hayas destrozado mi alma entera algo de amor siempre quedaba para vos. Cuando me cruzo con los padres suelo preguntarles cuál es su hijo favorito, ellos (algunos) contestan que no hay un favorito, de todos modos siempre creí que sí. No sé si habrá sido porque te escuché decirle a mi madre que preferías vivir con ella y si yo no estaba te daba igual, pero desde ese día que no supiste qué cara ponerme o qué mentira formular entendí que favoritos sí los hay, y créeme que no sos de mis personas favoritas, lo dejaste de ser hace mucho tiempo ya. Y no sé si fue cuando te escuché golpear cosas desde la pancita de mamá, o cuando me llevabas a andar en bicicleta; a jugar al fútbol; a patinar... siempre con un trago de más. De más como esos te amo que te decía tan llenos de mentira y rabia, esa que sembraste sin preguntarme siquiera, si era algo con lo que pudiese lidiar. Pero si te interesa saber, de a poco me voy deshaciendo de esas cosas que me mal acostumbraste a hacer, como comerme las uñas o bañarme a las seis de la mañana porque sí. Si es algo que te preocupa, estoy dejando de ser como vos, antes la palabra "chau" no estaba en mi diccionario, y si era momento de despedirme iba a ser con un "hasta luego" así por lo menos tendría la certeza de volver a verte; pero ahora ya no me interesa, y si hay algo que tengo ganas de decir hace tiempo es que deseo que te vaya muy bien, que sigas tu camino, que nosotros no nos tendríamos que haber cruzado, y que lamento haber dado por vos lo que nunca supiste dar. Lamento haber entendido tu soledad y hacerme cargo de vos como si fueses mi hijo o alguien que de mi dependiese para salir adelante; "chau". Pero que difícil se me hace odiarte, y qué lástima no haber aprendido eso de vos, por ahí las cosas serían más fáciles y probablemente ya hubiese dicho adiós. Y te voy a seguir llorando, todas las noches que regaste mi soledad y ahogaste mi futuro por no saber de mi cuidar, pero ya no mereces más lágrimas, cuando me seque y brote nuevamente, como un pequeño milagro, como desees llamarlo, ya no voy a estar en tu ventana absorbiendo los rayos del sol, voy a estar sobre la reja de alguien más, alguien que decida al menos acompañarme en ésta 'no' libertad, como los tréboles, únicamente de tres hojas porque los de la suerte ya no están en mi lugar.

jueves, 30 de julio de 2015

Imbécil

Estoy pensando en lo imbécil que sos y en lo injusto que es tener que ser yo quién decida irse pero también tener que ser yo quién empiece a extrañar. Ser yo la que se va porque no te aguanta, ser yo quién vuelve porque no puede estar sin tus tortillas de arroz. Te odio, porque hacés las cosas mal y te chupa tanto un huevo que no te parás a ver como están los demás. Y lo peor es que no te odio, te amo. ¿Para qué? Si no obtengo ni la mitad de lo que soy capaz de entregar por vos. O capaz que sí, y es tanto que no lo puedo aguantar. No pretendas ser mi amiga y discutir las cosas como tal, porque hasta la amiga más basura que fui es capaz de preguntarle a cualquiera cómo está. No pretendo que te metas en éste agujero lleno de mierda, espero que se te ocurra la brillante pero cliché idea de traer una escalerita del orto y ayudarme a salir. Pero trato de convencerme de que no me importa si no te importa. Trato de convencerme de que también estás metida en un pozo lleno de agujas que te perforan la piel y por eso, justamente por eso, estás tan amigada con ese enorme círuclo que veo que te rodea, ese que tenés como carcasa, como protección. Y creo que tendrías que empezar a abrirla más seguido, de vos aprendí que si estás en la oscuridad en ella te convertís, no obstante, no das el ejemplo. No te quiero ver más.
Aunque sabemos que es mentira.
Y que mañana voy a volver.
Y lo odio.

viernes, 24 de julio de 2015

Piedritas en tu ventana

Te voy a observar y no te preocupes
a veces necesito estar segura
de que sos real y no te fuiste
y perdoname si ignoro
la política,
el mundo,
el oro...
simplemente basta con mirarte un poco
y si no me crees mirá
voy a tirar una piedra a tu ventana
mientras te canto una canción
y voy a buscar algún coro
para que diga todas esas cosas cursis
que realmente adoro
pero no porque me gusten decirlas
me gusta que tus mejillas se enciendan
porque en algún momento fueron
quienes hicieron que mis miedos se desprendan.



miércoles, 22 de julio de 2015

Blanco y negro

A veces quiero hablarte pero no se me ocurre sobre qué, a decir verdad nunca hago nada y cada vez que venís y me contás lo que haces me sorprendés. Me meto en la historia porque por un momento estoy viva, y es porque estás ahí. Tal vez no formé parte de la historia, aunque si me la contás probablemente sí, porque me siento tan llena de luz, como los ojitos de mi abuela, esos que cuentan historias como las que vos me contás pero ella las dibuja en mi cabeza con acuarela. O como los cachetes arrugados de la tuya, esos con marcas que reflejan una vida llena de cosas que ni vos ni yo vamos a entender. Y por ahí nos estamos preocupando demasiado, porque mi abuela siempre dice que ellas sí tienen motivos para estar a mil. Cuando me contás tus historias me doy cuenta de las ganas de escucharte que tengo, porque me trasladas a momentos en la historia en los que todo era en blanco y negro, y te imagino ahí sentada en el campo, con un vestido que resalta tus labios, viviendo la vida con reglas, pero viviéndola a la luz de las velas. Esas velas que encendías por si te quedabas sin luz, y por alguna casualidad debías moverte de la cama en la que estabas, porque en ella probablemente una víbora de cascabel encontrabas. Te escucho y te imagino siendo la hermana rebelde, la hermana que insulta, la hermana que los hierros rotos suelde. Esperando a tu enamorado y aquel beso que él también espera. Ese que probablemente a tu padre molestó cuando lo vio, ese que seguramente hizo que tu mamá haga complot con él; aunque a escondidas te haya preguntado "¿qué tal besa aquel?". O tus historias más recientes, esas en las que no parás y sos capaz de bajarle todos los dientes a quien intente detenerte, porque como hoy dijiste todavía tenes cuerpo y voto, y acá estás para decidir sin que lo hagan otros. Y siempre te mantuviste firme, aunque cada tanto en la noche llorabas, sé que es porque estás cansada, y más de un abrazo esperabas. Y a veces no te los damos, es que nos sorprende que seas tan fuerte, por momentos sentimos que te gusta ser totalmente independiente. Pero después te miro a los ojitos, esos color cielo, y me doy cuenta que sos como un osito, y estás cansada de los señuelos. 
Te quiero y por favor no me dejes, yo sé que soy una "boca sucia" pero me gusta que no te quejes. Te quiero, y por favor no te alejes, abuela, quiero que siempre en mis ojos te reflejes.



martes, 21 de julio de 2015

Mi casa es un quilombo

De lunes a viernes a las once te vas
¡mi casa es un quilombo! 
¿será porque vos no estás?
igual dudo que sea eso
cuando vos venís lo es aún más.
De lunes a viernes a las once llegás
no te juzgo
no comparto
cada año una risa aparto
de esas que te daba a cada rato.
De lunes a viernes después de las once me ves
a veces pienso que
como ama de casa te lucías
o al menos se que veía
una sonrisa cada dos por tres.
Si de lunes a viernes
tuviese que elegir
una palabra con la que te pudiera describir
probablemente sería ausencia
pero yo también me tengo que ir.
Y creo que de lunes a viernes
estás un poquito lejos 
ya no desayunás conmigo
ni me decís cuando me miro al espejo
"seguís linda como siempre, dejá ese complejo" 
De lunes a viernes estás cansada
loca, porque tus dientes se entrechocan
aburrida, como una muñeca descosida
exiliada
por tu propio país engañada.
Te vas a las once, volvés a las once
te encerrás en el cuarto
ya no escucho voces
quiero decirte que mi apoyo comparto
pero me lo negás con gritos atroces.
De lunes a viernes
a la soledad me amarro
porque ya olvidé lo que era 
que por las noches me saludes con un beso
de esos con olor a cigarro.
De viernes a domingo
mi casa es un quilombo 
a veces quisiera 
que en mis ojos veas la miseria
y te dejes de tanto autobombo.

sábado, 18 de julio de 2015

Apagado

Revisando debajo de nuestra cama hoy hallé aquella cajita negra que hace tiempo no se abría y me puse a investigar. Por ahí encontré una foto rota, esa que nos sacamos en Atlántida hace tiempo ya. Estaba rota, sí, algo arrugada; y también mi corazón lo está. Encontré unas bolitas, esas con las que jugaba cuando niña, esas que jamás volveré a usar. Encontré una fibra roja; y otra negra con la que estoy escribiendo acá. ¿De qué sirve que me preguntes como me siento si no te interesa escuchar? Aunque si tenés ganas de saber de mi, al celular me podés llamar. O mejor podés venir a visitarme, sabés que la bienvenida siempre va a estar. 
Hoy colgué un atrapasueños, me lo regaló una persona que no conozco, una persona de esas que ni sus nombres sé, porque últimamente he tenido pesadillas, por si te interesa saber, y me despierto empapada en mi sudor, y se me empapa aún más la cara por las lágrimas que sin intención caen; y miro a mi izquierda y es verdad... no estás.
Encontré un cuaderno que prometimos utilizar, pero me sorprendí al ver lo abandonado que está. Me ahogo y vos me observás, nada hacés para intentarme rescatar. Te sentás en un banco a unos metros del mar y te prendés un cigarro, como si fuese un momento para disfrutar. O quizás es porque te ponés nervioso y no estás muy seguro de como actuar. Pero definitivamente el mar no existe, es una metáfora para poderte explicar, porque si al menos el mar existiera mi sufrimiento sería un poco más real. Real para vos que no lo entendés, real para tu cerebro y su racionalidad. Ahogarse en la nada es horrible, es la mejor descripción que pude encontrar, necesito un salvavidas que un corazón sepa curar. Podrías ser ese salvavidas, que con un beso me devuelva los días, pero ya no me besás y poco a poco me marchito más, mientras vuelvo a tu presencia tan racional, esa que no cree que un beso sea capaz de sanar.
Encontré unos diecisiete encendedores, esos que ya no usamos más, esos que a medida que el tiempo avanzaba se fueron apagando ¡y qué curioso! apagado por la vida vas. Y a veces me pregunto si es porque siempre tengo las ventanas cerradas y no dejo que nada nuevo me venga a visitar, pero en seguida esa idea se desvanece, como todo, como todos. Y no quiero que estés acá si en está situación no me vas a acompañar, mejor dejame cerrada, abajo de una cama como a la cajita negra que cada tanto, como hoy, sale de la oscuridad. 

lunes, 13 de julio de 2015

Kwik-E-Mart

Fueron días raros, se comportaron como enemigos. No hubo compañía, o no la noté. Había tomado una decisión para enfrentar esto y definitivamente no había sido la acertada, otra vez. Buscar atención es agotador, no buscarla lo es aún más. Noté que estaba dando pasos hacia atrás, quedando finalmente en la oscuridad, como en el capítulo de Los Simpsons y Padre de familia, cuando Peter entra al Kwik-E-Mart y conoce a Homero, quien estaba escondido en un rincón oscuro, probablemente comiendo rosquillas. Igual no sé qué tiene que ver (además de la parte oscura) pero me gusta hablar de Los Simpsons, porque cuando era chica los miraba con mi padre y aunque no entendía me reía igual, y eso hace tiempo que no pasa. No hablo de mirar Los Simpsons con mi padre, hablo de reírme sin entender, darme la libertad de no tener la necesidad de que algo me de gracia para reírme. Simplemente reír. Y me gusta recordar el capítulo en el que Marge está enojadísima con Homero y éste la lleva a un Motel. Bart, Maggie y Lisa quedan a cargo de una niñera, que en realidad es una ladrona, y recuerdo el miedo que me causaba, y ni idea por qué tanto miedo si yo nunca iba a tener una niñera. Volviendo al sentimiento, observé que es más fácil entrar que salir. Cuando no obtengo los resultados que quiero o necesito, ella me hace compañía, y por un momento se siente bien. De repente, la oscuridad es tal que ya es imposible ver. Quizás, al principio, no estaba tan preocupada porque mientras entraba en ella aún observaba aquel lugarcito con luz, ese espacio que sabía que estaría ahí por si quería regresar a la realidad. Como cuando a los niños se les ocurre agarrar un palo e ir arrastrándolo por toda la calle, creando un camino. Así me sentía yo. Como cuando en las películas sugieren que el más héroe del lugar tome una cuerda para atarla al destino, y regrese, para así llegar todos juntos. Pero, ¿quién me acompañaba al destino? Yo era el héroe, y lo era porque no había nadie más. Y a medida que daba un paso, se alejaba, y sin siquiera darme un minuto para respirar, para digerir lo que estaba sucediendo, desapareció. Es difícil entender quién es el enemigo acá, si la oscuridad o la luz, si el otro o uno mismo. Por el contrario, es fácil echar culpas. 
He estado tratando de entender suficientes cosas como para darme cuenta que algunas no tienen explicación. Como esa frase que dice que "cuando una puerta se cierra, otra se abre" ¿y qué? Si yo abrí una puerta fue porque lo elegí. Y así se cierre una y se abran tres, no es elección mía. Y en realidad no sé qué es elección mía. Aunque una de mis elecciones fue dejar de pedir ayuda, y si querés que te diga qué me pasó, la respuesta es: nada. Fue incluso peor que antes. Fue rendirse y ver como me rendía, y como todos se rendían a mi al rededor. Por mi, por ellos. Yo quería abrazos pero mi cuerpo los rechazaba, al principio eran excusas, "no, pará, estoy mirando éste capítulo de los padrinos mágicos que nunca lo vi" o "dejame mandar un mensaje primero." Pero me marchité y ya no había inspiración para excusas, entonces simplemente decía "salí" 
Me preguntaban si quería habar(SI) no... no; no quiero hablar. ¿Por qué querría hablar? ¿crees que tengo algo de qué hablar? (claro que quiero hablar, tengo un millón de cosas de que hablar) A parte para qué querés hablar si no me entendés, pensaba (a parte para qué quiero hablar si no me entiendo) ¿qué tenés para decir que cambie algo de lo que estoy sintiendo? (por favor, decí algo que me haga sentir mejor) 
Estoy desesperada, pero no me he estado comiendo las uñas. Todo se está manifestando adentro mío, y realmente prefería cuando las cosas eran digeridas, expulsadas, por asqueroso que suene, finalizando con su trayectoria en la vida tirando de la cadena, yéndose al pozo negro. Asqueroso, pero sano.