lunes, 29 de febrero de 2016

Embarazo.

Observo un retrato nuestro,
uno con aproximadamente diecisiete años;
aproximado porque algunos meses
siempre va a doler contarlos.
Tu mirada y la vil manipulación.
Quizás, ser tu apoyo me hizo fuerte,
o débil, o.... aún más fuerte.
Quizás veo en tus fieles manipuladores
la falta de un señor, en blanco y negro
a veces a color, que yo..
también perdí.
Me detengo en tu sonrisa,
me distrae un árbol detrás de la misma.
Sobre éste, una luna, a su lado, una panza.
Familiarizo al instante lo que hay frente a ella,
la misma sonrisa en la que naufragué.
Hace más de quince años, la arrancaste de mi vista,
mientras acusabas a una mujer
de no haber sentido amor.
Mientras le quitabas a una niña
la esperanza del cariño
que fue lo más devastador.
Cuando miro hacia aquel árbol,
y su luna, y la panza,
me pregunto, por alguna razón;
por qué quitaste tu cabeza, y no te llevaste tu corazón.
Quizás estabas harto de ella,
¿pero por qué de él no?
Y todos los días me pregunto
¿dónde está mi cabeza? ¿acaso también se la llevó?
con trozos de aquellos recuerdos,
esos que nadie entendió.
Como un par de bicicletas,
una gata gris, un ovejero alemán
Anul, y la Luna.
¿Qué es ese olor? ¿Alcohol?
¿Y esa sensación? ¡Soledad!
Aunque también recuerdo ángeles de arena,
la escena de un crimen,
en la que nos preparábamos para ser partícipes
inconscientemente,
aunque sabías en el fondo, que si seguía investigando,
incluso la cuerda naranja más fuerte
que usábamos para saltar
se iba a desenlazar, como cuando llegamos a nuestro final.
Me mostraste un mundo roto,
coincidí con tu interior, sentí tus latidos en mi pecho,
y tus lágrimas... me adueñé de ellas,
mis ojos estaban mojados, los tuyos ya no.
Pero me veía reflejada en ellos,
ahí adentro me encontraba yo.
La empatía llego a destruir, más de lo que construyó.
Adiós le digo a tu mente,
aunque en aquella captura se conservó.
Observo un retrato nuestro, hace diecisiete años atrás.
¡qué fácil fingir ser feliz! ¡qué difícil verte partir!






domingo, 21 de febrero de 2016

Calle 1, 2 y 3.

Cuando las palabras ya no funcionan como liberación
los pensamientos desbordan tu conciencia
y la inocencia de los sentimientos y la confianza
se desvanecen en cada esquina en la que te encuentro
cuando menos deseo voltear la cabeza,
y cuando más me aterra mirar hacia adelante.

Cuando me encuentro estancada en la irritabilidad;
la desesperación que me genera por fin entender que,
el pasado amarra y el futuro...
el futuro zozobra.

Anhelar tener la cama más pequeña
para no sentirse como un pez,
uno de esos que siempre estuvieron dentro de una pecera
y un día, una niña, arrojó al océano.

Y... ¿te acordás cuando por primera vez
le quitaste las rueditas a tu bicicleta?
tan grande era el deseo,
tan victorioso el camino,
y aunque un poco ansioso y otro asustado,
el miedo se había apartado.

Siempre estuviste seguro de la fiel compañía que tenías al lado.
En algún momento pensaste:
"puedo andar toda mi vida con éstas rueditas"
Sí. Avanzarías de todos modos.
¿Y el riesgo? ¿La pérdida? pensás ahora.

La pérdida que trae cosas nuevas,
la pérdida que das por perdida aunque en verdad...
mejora, renueva.
La caída, el sangrado, el dolor;
el llanto, el temor, la negación.
El amor, la sanación, la recuperación;
el valor, el querer, el poder.

Todo eso se logra con un golpe,
todo eso se logra con mirarte y entender
que aunque no seas el mismo de ayer...
tampoco yo lo seré.